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¿Vuelve el fascismo? Liberales necesitan dar respuesta al nuevo orden mundial

CARLOS SABINO 

El mundo vive un tiempo de cambios: la salida del Reino Unido de la Comunidad Europea, la elección de Donald Trump y el creciente apoyo popular a la extrema derecha en Europa han creado un ambiente de confusión al que se agregan los cambios que se están operando en América Latina: un viraje electoral que deja atrás la inclinación por la izquierda que se mantuvo por más de una década y escándalos de corrupción que llegan a afectar a presidentes y expresidentes, ahora sentados en el banquillo de los acusados. Es difícil entender qué está ocurriendo y dar un sentido a acontecimientos tan diversos, que se suceden con velocidad y que ponen en duda las certezas que tuvimos durante bastante tiempo.

Algunos piensan que existe un renacimiento del fascismo, de ese fascismo que surgió en Italia hace casi un siglo –en 1922 para ser más exactos. Varios son los indicios que apuntan en este sentido: el creciente nacionalismo que llega, en algunos casos, a proponer el abandono del libre comercio, el lenguaje poco mesurado de varios líderes, la xenofobia que vuelve a aparecer con distintas caras y matices. Pero todo esto, impactante como es, no me parece suficiente como para que hablemos de fascismo.

Para entender al fascismo original y los cambios de hoy es necesario entender contra qué ideología reaccionaba ese movimiento y contra quienes dirigen sus dardos los nacionalistas de hoy. Mussolini, en la agitada Italia posterior a la Primera Guerra Mundial, concibió una respuesta al comunismo que, pujante, trataba de proyectarse entonces con violencia en la arena internacional. Pero no volvió al liberalismo que dominaba la escena antes de la guerra, sino que articuló una respuesta socialista y a la vez nacionalista, totalitaria y opuesta por eso a la democracia liberal.

La falacia del mejor sistema educativo

HUGO VERA 

La panacea educativa es un mito. No existe tal cosa como un modelo único y milagroso en materia de educación.

Este tema tiene tantos mitos como recetas, pero casi todas tienen en común un factor y ese es el monopolio. La antigua idea de querer imponer un determinado sistema porque encuentra a otros inadecuados. Claro, siempre que la idea sea propia o de su línea ideológica.
Por muy de acuerdo que estemos en que hay que hacer razonar al alumno antes que adoctrinarlos, pocos están dispuestos a aceptar la complejidad del tema y que no pasa por una cuestión de formatos. Ciertamente, los formatos educativos hay tantos como arenas en la playa y para todos los gustos.

Por citar un solo ejemplo, he notado como todo el mundo académico tiene a Singapur como la niña bonita de la educación, donde el grueso de la élite ha comprado el verso de que ese país se desarrolló mejorando su educación, cuando la mejora de su educación fue precisamente por la desmonopolizacion de todo su sistema económico, no solo una unidad como la educativa. Por mucho que lo nieguen muchos, la educación también es una unidad económica, aun cuando sea estatal.

En realidad, por mas de que tengamos un sistema abierto en materia educativa, si los demás elementos del desarrollo no lo están, los resultados a nivel país, serán prácticamente inútiles y tendremos un fuga de cerebro gigantesca por la falta de trabajo que generan las economías cerradas.

Iglesias, Errejón y las purgas

EDITORIAL DE LIBERTAD DIGITAL 

Como era de prever, la victoria de Pablo Iglesias en Vistalegre II se ha traducido en una auténtica purga de los partidarios de su rival, Íñigo Errejón. El propio Errejón ha sido apartado de la portavocía del grupo parlamentario y a partir de ahora será la pareja sentimental del líder supremo, Irene Montero, quien ejercerá esa importante función. La imagen habla por sí sola y retrata a la perfección a esta partida de hipócritas que pueden dar un paso sin quedar en evidencia.

Junto con Errejón, Iglesias ha desplazado a la mayoría de los que se atrevieron a plantarle cara en Vistalegre y tan sólo ha permitido una presencia anecdótica de errejonistas en la dirección del partido. Una vez más, las decisiones de los capos de Podemos desmienten las continuas prédicas con que pretenden presentarse ante la sociedad, como un partido democrático en el que las decisiones las toman las bases y todas las corrientes están representadas. Más bien es todo lo contrario: Podemos es un partido de corte autoritario en el que quien se atreve a cuestionar al caudillo sufre ostracismo y escarnio.

En movimientos ultras como Podemos, la democracia asamblearia es el pretexto de los déspotas que los manejan para para imponer su criterio y eliminar cualquier oposición. Una vez conquistado el favor de las bases utilizando la presencia mediática, las tácticas populistas y el sentimentalismo más grotesco, Iglesias se ha alzado con el poder hegemónico en una organización que, supuestamente, venía a dar ejemplo de pluralidad. Desde el minuto uno, era fácil saber que mentían. Ahora, lo difícil es mostrar sorpresa y no quedar como un auténtico estúpido.

Del imprescindible Supremo

VÍCTOR PAVÓN 

La figura del imprescindible Supremo para dirigir el gobierno de la nación, como si todos los demás individuos fueran ineptos e incapaces, se inicia apenas unos años después de la Independencia en aquel lejano 1811. La idea que el Paraguay sólo puede hacerse grande y progresista si se encuentra bajo el mando de alguien especial, sigue latente.

Profundas han sido las consecuencias culturales de esta creencia. La concentración del poder que implica poner fin al sistema de pesos y contrapesos mediante la división del poder, hizo que el Estado se convierta en un botín a repartirse por el grupo político dominante. Generaciones de paraguayos tuvieron que soportar esta errónea y dañina concepción política, llevando a unos a la tumba, a otros a soportar el exilio y a todos en la pérdida de mejores condiciones y de oportunidades en sus vidas.

El último experimento conocido de concentración del poder duró más de tres décadas en el país, dejando secuelas que todavía perduran. Afortunadamente, el devenir de los acontecimientos nacionales e internacionales, hizo que desde 1989 a esta parte se iniciara el período más largo de libertades en la historia nacional. Se dio un paso trascendental en libertad de prensa, de decir lo que se piensa en público, de criticar y elegir a los dirigentes.

Economía, "neoliberalismo" y capitalismo

GABRIEL BORAGINA 

Es habitual escuchar en muchas partes que, una cosa es "lo económico" y otra diferente es "lo social", y que "lo social" es consecuencia de "lo humano". Quienes así "razonan" parecen creer que "lo económico" habría sido impuesto por una cuadrilla de platos voladores portando maléficos seres extraterrestres que vinieron a infectar el planeta Tierra con "el virus" de "lo económico". Y también demuestran ignorar que la economía es una ciencia social, por lo que mal podría existir el divorcio alegado entre "lo económico" y "lo social".

"Lo económico" es resultado de lo humano y cultural. Y no al revés. Ni tampoco cosas diferentes. La economía no viene de las hortalizas. Deriva del factor humano. Por eso, los que afirman que se necesita una "economía humana" ni siquiera saben que es de lo que están hablando. Y lamentablemente cada vez es más frecuente observar los casos de personas (incluso profesionales destacados) que se lanzan imprudentemente a hablar de economía sin tener la menor idea del ABC de esta ciencia, incurriendo en dislates de los más variados, como el que venimos comentando. Pero este no es el único disparate que arrojan los ignorantes en economía, hay otros más "divertidos" (hay que encontrarle el lado humorístico al tema después de todo) aunque no menos ridículos. Veamos seguidamente los más absurdos.

El secreto del milagro sueco

MAURICIO ROJAS 

Suecia se ubica en el sexto lugar en el último índice de competitividad del Foro Mundial ( Global Competitiveness Index 2016-17) mientras que, de acuerdo a la revista Forbes, encabeza la lista de los mejores países para hacer negocios ( Best Countries for Business 2016). A su vez, entre 2000 y 2016, el crecimiento de su PIB per cápita se ubicó entre los más altos de los países avanzados. Estos notables resultados no dejan de sorprender pensando la profunda crisis que afectó a Suecia en los años 90, después de un largo período de estancamiento relativo que entre 1975 y 1990 la convirtió en el país desarrollado de más bajo crecimiento después de Nueva Zelanda.

¿Cómo se logra una transformación semejante? La respuesta más evidente es la siguiente: bajando los impuestos, limitando el tamaño del Estado y desmontando los monopolios públicos. El otro lado de la medalla ha sido una fuerte expansión del sector privado, que ha complementado sus bases industriales tradicionales con notables éxitos en áreas propias de la nueva economía del conocimiento. Algunas cifras pueden ilustrar lo ocurrido.

De 1975 a 1990 la carga tributaria aumentó del 39,4% al 50,4% del PIB, mientras que de 1990 a 2016 disminuyó al 43,5%. La evolución del gasto público es aún más notable, expandiéndose un 44,4% entre 1975 y su tope en 1993, mientras que entre ese año y 2016 se redujo un 28,8%, pasando del 69% al 49% del PIB. Al mismo tiempo, el empleo público, que había crecido espectacularmente desde los años 60, disminuyó un 18,9% de 1990 a 2015, con una reducción de más de 300.000 puestos de trabajo. Esto implica que en relación al empleo total la parte pública disminuyó del 37,7% al 28,9% de 1993 a 2015.

En su conjunto, estas cifras ilustran la mayor reducción del sector público jamás experimentada por un país desarrollado. Un aspecto importante de este proceso ha sido la desmonopolización y privatización masiva de una multitud de servicios básicos (transportes, telecomunicaciones, energía, medios audiovisuales, correo, farmacias, entre muchos otros) así como la apertura de los servicios del bienestar financiados públicamente (educación, salud, apoyo a los adultos mayores, etc.) a la oferta privada mediante diversos sistemas de vouchers o subsidios a la demanda que apoyan la libertad de elección ciudadana.

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Noticias de la semana

eldia

Artes y Letras

El palo de escoba

MARIO VARGAS LLOSA

Para olvidarme del Brexit fui a conocer el nuevo edificio de la Tate Modern en Londres y, como esperaba, me encontré con la apoteosis de la civilización del espectáculo. Tenía mucho éxito, pues, pese a ser un día ordinario, estaba repleto de gente; muchos turistas, pero, me parece, la mayoría de los visitantes eran ingleses y, sobre todo, jóvenes.

En el tercer piso, en una de las grandes y luminosas salas de exposición había un palo cilíndrico, probablemente de escoba, al que el artista había despojado de los alambres o las pajas que debieron de volverlo funcional en el pasado —un objeto del quehacer doméstico— y lo había pintado minuciosamente de colores verdes, azules, amarillos, rojos y negros, series que en ese orden —más o menos— lo cubrían de principio a fin. Una cuerda formaba a su alrededor un rectángulo que impedía a los espectadores acercarse demasiado a él y tocarlo. Estaba contemplándolo cuando me vi rodeado de un grupo escolar, niños y niñas uniformados de azul, sin duda pituquitos de buenas familias y colegio privado a los que una joven profesora había conducido hasta allá para familiarizarlos con el arte moderno.

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