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Corea, en "guerra"

FERNANDO MOLINA 

Los anuncios que Corea del Norte ha hecho los últimos días aterrorizan a quien los toma literalmente. Pyongyang ha amenazado con un “ataque nuclear preventivo” contra Corea del Sur y su cercano aliado, EEUU. Ha suspendido el armisticio firmado con el sur, lo que devuelve a la península coreana a un ‘estado de guerra’. Ha cortado la línea directa que tenía con Seúl para evitar que algún malentendido derive en combates. Y actualmente está organizando reuniones de la cúpula de su Gobierno, en vistas de un ‘inminente’ enfrentamiento.

Si se tratara de otro país, todo esto significaría que Corea del Norte va a la guerra, claro está. Pero bajo el siniestro régimen monárquico-comunista que controla a esta nación, las palabras y los gestos pueden tener significados distintos a los usuales. Al mismo tiempo que se habla de hacer desaparecer Corea del Sur del mapa, el complejo industrial que administran ambos países, y que tiene crucial importancia económica para el norte, sigue funcionando normalmente.

Los expertos en la misteriosa Corea del Norte creen que no habrá guerra, por lo menos en el corto plazo. Lo que pasa es que el nuevo líder del país, Kim Jong-un, nieto del fundador de la dinastía, necesita consolidar su flamante poder y por eso ha realizado dos ensayos nucleares que trajeron un endurecimiento de las sanciones contra Corea del Norte, sanciones que lo irritaron personalmente (quizá porque incluyen restricciones a las compras de lujo de la élite norcoreana), y ahora está armando un jaleo sin precedentes por Foul eagle, las maniobras militares conjuntas que Corea del Sur y EEUU tienen organizadas hasta abril.

Tanto en la historia como en la literatura (recuérdese 1984 de G. Orwell, o la película V de venganza), nada es más útil para un líder totalitario que poner a su nación al borde de la guerra. Con su audacia verbal, Kim Jong-un trata de compensar su falta de edad y merecimientos para dirigir Corea del Norte. Se trata de un hecho comparable con otros de la historia de las monarquías europeas.
Toda la cuestión reside en que el joven rey no se sobrepase. Incluso China parece harta de la bastedad ideológica de sus líderes, que de veras creen que las maniobras militares podrían haber sido pensadas para conquistar su país y entregarlo al ‘imperialismo’. El imperialismo, claro está, no quiere meterse en semejante lío, pero tampoco dejará pasar un acto de hostilidad material contra sus tropas. Por eso, el inexperto (e incontrovertible) Kim Jong-un no puede sobreactuar, pues ese sería su último error

Periodista

Tomado de eldeber.com.bo

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