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Tres grandes problemas

CARLOS MIRANDA

Para la próxima década, que no es tan lejana, deberíamos haber resuelto los tres grandes problemas de nuestra industria petrolera: suficientes reservas y producción de gas para abastecer nuestro mercado interno y cumplir nuevos contratos de abastecimiento con Argentina y Brasil, y volver a ser autosuficientes en diésel.

Las reservas, certificadas por Ryder Scott, no alcanzan para cumplir con los compromisos contraídos que fenecen el próximo decenio. El consultor está actualizando su estudio con reservas que YPFB indica han sido descubiertas después de 2009. Si las cifras de YPFB están correctas, las reservas actualizadas ajustadamente alcanzarían para cumplir los compromisos indicados anteriormente.

La bonanza económica actual está basada en la exportación de gas.

Lamentablemente, estos años dorados no han sido utilizados para transformar la economía del país. Estamos atravesando un periodo de grandes transformaciones político-sociales que sólo están incrementando la demanda interna sin haber establecido bases sólidas para su satisfacción y mucho menos crear o impulsar otros rubros con ingresos cercanos a los de exportación de gas.

Por tanto, si queremos seguir creciendo, la próxima década tenemos que seguir contando con los mercados argentino y brasileño, con contratos de compra de gas a largo plazo.

El no haber podido lograr la exportación de gas licuificado (LNG) nos ha marginado del mercado mundial y condenado a abastecer por gasoducto a nuestros vecinos. Perú no es mercado para gas natural boliviano, es nuestra competencia en el Pacífico. Hasta que no se resuelva nuestro problema marítimo con Chile, ha dejado de ser un posible mercado. Uruguay y Paraguay tampoco lo son por su reducido consumo y lejanía de nuestros campos.

Argentina, que es el país más gasificado de América, prácticamente ha agotado sus reservas probadas de gas convencional. Está centrando sus esfuerzos para lograr el autoabastecimiento con gas no convencional. Proceso que demandará varios años en los cuales la importación de Bolivia será la más conveniente.

Brasil nos continúa dando señales que seguirá adquiriendo nuestro gas. Era de esperarse, la explotación del PreSal tomará más tiempo de lo estimado originalmente y tiene una demanda creciente que abastecer.

Con ese posible escenario de mercados, el problema nuestro es tener reservas y producción.

Pero, ¿y los líquidos? El consumo de gasolina estaría resuelto por la producción de fracciones pesadas de las plantas de extracción de líquidos de gas y el uso del gas comprimido.

El problema que se ha tornado de enorme magnitud es el abastecimiento de diésel. Para el 2020, nuestro consumo se habrá más que duplicado.

Necesitamos lograr nuevamente el autoabastecimiento. El diésel es el combustible del progreso e insustituible en la agroindustria. Eso no se consigue con medidas impositivas.

La primera posible solución es la exploración de las zonas no tradicionales del país en búsqueda de petróleo con mayores rendimientos de diésel.

Sin perder de vista ese objetivo de exploración, que puede tomar varios años porque el área no tradicional es muy extensa, se requiere con urgencia investigar otras soluciones.

El autoabastecimiento de diésel es un problema que requiere sea objeto de un planeamiento especial. Los posibles caminos son varios, tales como actualizar los estudios de YPFB para ingresar a la petroquímica del Pacto Andino, introduciendo procesos nuevos en nuestras refinerías para producir diésel utilizando condensado; la producción de biodiésel con insumos del agro; la conversión de gas a líquidos, el famoso GTL, para tener productos que pueden ser refinados como diésel.

Lo fundamental es que este tema sea tratado como un programa de estudio y consultoría serio y cuidadoso, evitando el discurso exitista anunciando la construcción de plantas a breve plazo, que no son factibles.

Estos próximos años serán difíciles y exigentes para el sector oficial, por eso el mejor consejo que se le puede dar es que cumplan las tres grandes máximas: ama sua, ama llulla y ama k’ella.

Carlos Miranda es ingeniero.

Tomado de paginasiete.bo

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