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De Comibol 1985 a Huanuni 2013

TEÓFILO CABALLERO

Hace cinco años cuando tuvimos la oportunidad de conversar con el Economista paceño Juan Cariaga (Ministro de Finanzas entre 1985 - 1989 y uno de los ideólogos del D.S. 21060), en el Primer Foro Nacional de Economistas organizado por el Colegio de Economistas de Santa Cruz, nos contó una anécdota muy interesante y que no es conocida por la opinión pública.

En esa oportunidad nos indicó que en 1986 le propuso al extinto Dr. Victor Paz Estenssoro (Presidente de Bolivia 1985 – 1989) luego de que se había logrado detener la hiperinflación que hasta agosto de 1985 había alcanzado la tasa anualizada de 23.500%, que iba a escribir un libro que narre todo lo que había sucedido en el país porque tenía que quedar constancia escrita para que las futuras generaciones lo lean y no vuelvan a cometer los errores de política económica que había cometido el Pdte. Hernán Siles Suazo, líder de la mega - coalición de izquierda denominada Unidad Democrática y Popular (UDP) cuyo gobierno asumió el mandato del país el 10 de octubre de 1982 convirtiéndose en el primer gobierno democrático después de más de tres décadas de dictaduras militares.

Nos comentó que muy sabiamente el extinto Pdte. Paz Estenssoro le indicó que Bolivia vivía envuelta en un círculo dando vueltas, y que de aquí a 20 años otra vez advendría el capitalismo de Estado y que existía el riesgo que nuevamente se vuelvan a cometer los mismos errores de su antecesor Siles Suazo.

Exactamente, 20 años después volvió nuevamente el intervencionismo estatal pero esta vez llamado “proceso de cambio”.
Y fue así. Juan Cariaga escribió su libro titulado “Estabilización y Desarrollo. Importantes lecciones del Programa Económico de Bolivia en 1996. En el mismo narró con mucha minuciosidad todo lo que había vivido el país en la década de la hiperinflación, el grupo secreto que trabajó en las medidas que debían ser implementadas, y finalmente el D.S. 21060 que fue el antídoto para detener la hiperinflación. Fueron años difíciles para Bolivia, costos muy altos que pagó el país fruto de la irresponsabilidad de la clase gobernante.

En esos años una de las empresas estatales que contribuyó decididamente a la hiperinflación fue la Corporación Minera de Bolivia (COMIBOL). La dirigencia sindical de esta institución aprovechando la debilidad gubernamental logró increíblemente la participación de los sindicateros en el Directorio de la Comibol; que error fatal. Los sindicateros definiendo la gestión de la empresa y la eficiencia administrativa; esto es lo mismo que se mande a los gatos a cuidar los ratones.

Lo primero que hizo COMIBOL fue elevar su planilla de 5.000 trabajadores en 1982 a nada menos que 27.600 en 1984. En esa oportunidad la Consultora financiera Price Waterhouse en su informe de consultoría indicaba que COMIBOL podía reducir el número de trabajadores a 5.000 sin afectar los niveles de producción. Si a esto le sumamos los numerosos paros y huelgas que realizaron en contra del Pdte. Siles exigiendo mayores salarios, mayor subvención en su pulpería alimenticia, más el robo de minerales en las minas denominado “juqueo” sumado al bajo contenido de los minerales producto de la casi nula inversión en equipos gracias a la famosa co-gestión obrera, terminaron por hundir a la histórica COMIBOL.

La situación se agravó cuando se desplomó el precio internacional del estaño. Al final y después de que los mineros realizaron la Marcha por la Vida en 1986, terminaron aceptando el pago de sus beneficios sociales y su retiro de la empresa. La histórica Empresa Estatal COMIBOL había quebrado.

Volvamos al presente y observemos una COMIBOL 1985 pero en miniatura llamada Centro Minero Huanuni. En el 2006 el gobierno estatizó la mina debido a las pugnas entre los trabajadores mineros y cooperativas con un saldo trágico de 17 vidas humanas, y aplicó una salomónica pero catastrófica decisión –aparte de irresponsable- de incorporar miles de cooperativistas a las planillas de Huanuni.

Por denuncias del propio gobierno, la opinión pública pudo confirmar algo que ya se sospechaba con mucha antelación: los jugosos sueldasos de la dirigencia sindical. 451 de ellos tenían sueldos por encima del techo salarial que hasta antes del 1° de mayo de 2013 estaba fijado en Bs. 15.000.- Contaba en 2006 con 700 trabajadores hoy sobrepasan los 4.500. Es más, El Ministerio de Minería hizo conocer que la Mina Huanuni no ha pagado sus impuestos y que los mismos hansido asumidos por COMIBOL y alcanzan a $us. 61.7 millones, además existe un aporte directo al Estado de $us. 25.2 millones. En resumen, Huanuni adeuda $us. 87 millones a Bolivia.

Si bien los mineros de Huanuni han señalado que siempre pasaron momentos muy duros antes de la estatización y los trabajadores la hicieron reflotar; lo de hoy es un nuevo desafío. Lo real es que todo funcionaba a la perfección cuando los precios de los minerales en el mercado mundial estaban altos. Como siempre, la caída de precios internacionales desnuda y desnudará siempre nuestra realidad.
Gracias a la huelga de los mineros nos pudimos enterar de estas irracionalidades en este “proceso de cambio”. Que otras sorpresas ingratas nos irán a deparar en el futuro. Al final nos planteamos lo siguiente: Huanuni, ¿ la historia se repite?

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Artes y Letras

Chiquitos y la música

(Iglesia Chiquitana) 

MARIO VARGAS LLOSA

Los primeros jesuitas que llegaron a este lejano rincón del Oriente boliviano vieron que las viviendas de los indígenas tenían puertas tan pequeñas que bautizaron a toda la comarca con el nombre de Chiquitos. El padre José de Arce y el hermano Antonio de Rivas pisaron por primera vez estas selvas a fines de 1691. En vez de armas, traían instrumentos de música; sus experiencias en Perú y Paraguay les habían enseñado que el lenguaje de las flautas, los violines o las cítaras facilitaban la comunicación con los naturales del nuevo mundo. Pero aquellos primeros misioneros nunca pudieron imaginar la manera como los pueblos chiquitanos se apropiarían de aquellos instrumentos y de la música que acarreaban desde Europa, incorporándolos y adaptándolos a su propia cultura. Al extremo de que cuatro siglos después se puede decir que la Chiquitania (o Chiquitanía: se acentúa de las dos maneras) es una de las regiones más melómanas del mundo, donde la música barroca sigue tan viva y actual como en el siglo XVIII, matizada y coloreada de sabor local por unas comunidades cuya idiosincrasia concilia, de manera admirable, lo tradicional y lo moderno, lo artístico y lo práctico, el español y la lengua aborigen

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