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La prioridad no es mejorar la distribución de ingreso

ROBERTO CACHANOSKY 

Uno de los temas que suele preocupar a políticos y economistas es el de la distribución del ingreso. El famoso coeficiente Gini que pretende medir la distribución del ingreso es citado en trabajos científicos y en artículos periodísticos como la palabra de Dios y en rigor, en mi opinión, cómo se distribuye el ingreso no es tan relevante como el nivel de ingreso y de pobreza.

Veamos un ejemplo. Supongamos que en el momento 1 los sectores que menos ganan tienen un ingreso de 100 y los que más ganan tienen un ingreso de 1000. La diferencia entre el que más gana y el que menos gana es de 10 veces.

Ahora bien, imaginemos que en ese país se aplica una adecuada política económica que genera un gran crecimiento, aumento del ingreso real de la población y la pobreza tiende a cero, pero el que menos gana tiene un ingreso de 1500 y el que más gana de 18.000, el coeficiente Gini va a dar que empeoró la distribución del ingreso porque el que más gana ahora tiene un ingreso 12 veces mayor que el que menos gana. Si antes la diferencia era de 10 y ahora de 12, según esta visión de la economía la gente está peor porque aumentó la brecha entre el que más gana y el que menos gana.

Sin embargo, el que menos gana ahora, gana más que el que más ganaba en el momento 1. Antes el que más ganaba tenía un ingreso de 1000 y ahora el que menos gana tiene un ingreso de 1500. A pesar de la mayor brecha entre el que menos gana y el que más gana, el que menos gana pasó a estar mucho mejor que el que más ganaba en el momento 1, con lo cual la distribución del ingreso es un gran verso populista. Basta con ver el período kirchnerista en que sus funcionarios pasaron a ser multimillonarios pero se llenaban la boca con la distribución del ingreso y dejaron a un tercio de la población sumergida en la pobreza.

El punto que quiero resaltar es que no debería interesar si algún sector tiene un ingreso muy alto respecto a los que menos ganan, sino que los que menos ganan, ganen lo suficiente como para tener una vida con todas sus necesidades más elementales bien satisfechas, capacidad de ahorro, de tomarse buenas vacaciones, acceso a buena educación, salud, etc. Lamentablemente al poner el acento en el tema de la distribución el paso siguiente es aplicar políticas de redistribución del ingreso. Se ve como moralmente correcto que los políticos le cobren más impuestos a los que más ganan para transferírselos a los que menos ganan. La famosa justicia social.

Es que quienes así piensan conciben la riqueza de la economía como algo estático. Por ejemplo, piensan en una pizza y consideran que la única manera de que alguien pueda comer una porción adicional es quitarle una porción a otro que come más porciones. Sin embargo cuando se aplican políticas económicas que incentivan el crecimiento, la riqueza no es un stock determinado que el burócrata tiene que repartir. En una economía eficiente, para seguir con el ejemplo de la pizza, no hay una pizza en la economía para repartir entre todos. En una economía eficiente hay cada vez más pizzas con lo cual el que comía una porción ahora podrá comer más porciones sin que otro tenga que entregar parte de sus porciones.

Quienes hablan de distribuir el ingreso para terminar con la desigualdad terminan con la desigualdad pero haciendo que todos, salvo los políticos oportunistas, sean pobres. Igualan en la pobreza.

La razón es muy sencilla. Si la solución está en aplicar más impuestos para redistribuir el ingreso, entonces se espanta la inversión, cada vez hay menos puestos de trabajo, menos productividad y más pobreza y desocupación.

Si la aplicación de mayor carga impositiva fuera la solución a la pobreza, entonces en Argentina no tendría que haber un tercio de la población pobre. En la década del 30 se creó el impuesto a los réditos. Era un impuesto de emergencia. El impuesto a los réditos es el actual impuesto a las ganancias. Hace 80 años que estamos en emergencia. El IVA fue aumentado transitoriamente en 1995 del 18 al 21 por ciento en forma transitoria. Todavía seguimos con la transitoriedad. El impuesto al cheque, creado en 2001, también era transitorio. Llevamos 16 años de transitoriedad. Esto demuestra que en vez de bajar la pobreza con más impuestos para disminuir la desigualdad en el ingreso, cada vez hay más desigualdad, más pobreza y más impuestos.

En definitiva, siempre desconfíe de aquel que le propone como política terminar con la desigualdad de los ingresos porque es muy posible que lo logre a costa de hacer que todos sean pobres. En cambio confíe en aquél que se preocupa por terminar con la pobreza. No importa que un señor gane U$S 40.000 millones al año, igual no va a poder consumir todo ese ingreso. Lo que importa es que haya inversiones, más puestos de trabajo mejor remunerados vía el incremento de la productividad y que no haya pobreza.

Tiremos al diablo el coeficiente de Gini y concentrémonos en el nivel de pobreza para reducirlo, porque con lo que hay que terminar es con la pobreza y no estar mirando cuál es la diferencia entre el que más gana y el que menos gana. Esto último solo sirve para incentivar la envidia, el resentimiento y la cultura de la dádiva, el gran negocio de los políticos, pero que no sirve para terminar con la pobreza.

Tomado de lanacion.com.ar

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