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El consenso de los bolivianos

EDUARDO BOWLES

Es verdad que la recuperación de la democracia requirió de la lucha, la valentía e incluso de la sangre de muchos bolivianos que sufrieron la cárcel, la persecución y la muerte por defender la libertad. Pero la conquista requirió de algo más valioso y más grande, algo que en Bolivia es casi imposible de lograr, porque lamentablemente rara vez nos ponemos a acuerdo.

Ese logro se llama consenso, la aceptación y la unanimidad de todos los sectores, muchos de los cuales no estaban convencidos de que nuestro país era capaz de vivir en democracia, administrarla con todas sus luces y sus sombras, aceptar que es un proceso perfectible y que el camino siempre es largo y complejo, pero siempre marcado por el respeto, la tolerancia y la paz. Nunca más la violencia, nunca más las imposiciones a fuerza de fusil, nunca más el exilio y los presos políticos.

Y cuando decimos consenso, es porque no quedó un solo boliviano convencido de que mejor era la dictadura, que además de la intimidación, sembró la corrupción, el atraso, el narcotráfico y muchos otros males que debían ser superados con otras armas como el diálogo y la concertación. Militares, justicia, partidos, sindicatos, Iglesia, campesinos, gente de la ciudad, intelectuales, obreros, todos se pusieron de acuerdo en abrazar en 1982 un sistema que debía ser irreversible, pese a los tropiezos y los errores.

Es cierto que la democracia no colmó las expectativas de los que soñaban con la prosperidad y el cambio radical de una historia de 150 años de mentiras y traiciones, pero la senda recorrida debe continuar; no existe ningún país en el mundo que pueda declarar que ha llegado al culmen de la vida democrática, pero es mucho más cierto que los únicos que han logrado grandes avances en materia de bienestar, lo han conseguido gracias a la democracia, el estado de derecho y la garantía de las libertades individuales. Por el contrario, no existe ni un solo ejemplo, donde la autocracia haya conseguido el “vivir bien” que tanto enarbolan los sistemas socialistas, seguramente los exponentes de los mayores fracasos.

En el 2003 hubo otro gran consenso entre los bolivianos. Todos admitieron que había que profundizar la democracia, hacerla más inclusiva, llevarla al campo, a las provincias, a los marginados, a los indígenas y permitir que los recursos no alcancen solo para unas minorías, pues al ritmo que estábamos avanzando, derrotar a la pobreza lucía como un reto inalcanzable.

Han pasado casi 12 años desde que inmenso acuerdo político se hizo realidad en las urnas y más allá de que siguen pendientes aquellas promesas que generaron ese consenso que debía materializarse a partir del 2006, la ciudadanía expresa reiteradamente su acuerdo de seguir intentando a través de la democracia la búsqueda de mejores días para Bolivia. Eso significa respetar las leyes, no retroceder con el bastardeo del sistema constitucional y menos consolidar un esquema autocrático que amenaza llevarnos al desastre. Lo dijo claramente el 21 de febrero de 2016 y lo ha repetido con vehemencia este 10 de octubre en una fecha muy especial para el país.

Tomado de eldia.com.bo

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