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Juegos peligrosos en Arabia Saudita

FELIPE A.M. DE LA BALZE 

El joven heredero de la corona, príncipe Mohamed bin Salman (MbS), con el apoyo de su padre, el rey, lanzó sorpresivamente un “golpe de palacio” con el propósito de concentrar el poder y debilitar a sus enemigos.

El objetivo declarado de MbS es transformar a Arabia Saudita en un país más moderno, menos dependiente del petróleo y socialmente más tolerante.

Sorpresivamente, durante la noche del 5 de noviembre, más de doscientos miembros de la elite saudita fueron detenidos y acusados de corrupción. El grupo incluía 11 príncipes de la familia real, 22 ministros y ex ministros, el hombre más rico del país (príncipe Alwaleed bin Talal, llamado el Warren Buffet del Medio Oriente), el jefe de la Guardia Nacional (Miteb bin Abdalah, hijo preferido del último rey) y otras figuras de la dirigencia política, religiosa y empresaria del país. A posteriori, el gobierno negociaba la libertad de los detenidos a cambio de una rápida restitución de los fondos robados.

En el sistema tradicional de gobierno saudita (autocrático, conservador y cerrado al exterior) las decisiones se tomaban por consenso y participaban los principales miembros de la familia real, los jefes tribales regionales, los clérigos sunnitas (que controlan el sistema religioso y educativo) y los miembros del establishment empresario.

El rey y sus asesores de confianza ejercían el poder a través de los usos y costumbres de una monarquía tradicional y de un manejo personal de los recursos petroleros. La corrupción era parte integral de la trama de poder. El manejo del presupuesto y la regulación estatal de la actividad privada se utilizaban para distribuir beneficios al resto de la sociedad, en particular a los grupos dirigentes.

Nuevas circunstancias amenazan la estabilidad del régimen. El crecimiento económico de la última década fue modesto y se calcula que en la actualidad el 25% de los jóvenes están sin trabajo. El déficit fiscal es creciente y se financia con el uso de reservas acumuladas durante los años de bonanza.

La población creció de 5 millones a fines de la Segunda Guerra Mundial a 32 millones en la actualidad. Esto crea tensiones respecto a la viabilidad del generoso “estado de bienestar” vigente, en un contexto donde el acceso al Internet y la televisión generan nuevas expectativas.

La baja del precio del petróleo y el temor a que en el mediano plazo el auto eléctrico y las presiones medio-ambientalistas reduzcan la relevancia del petróleo en la matriz energética mundial crean, en los círculos dirigentes, aprensiones respecto al futuro.

La competencia política y militar por el liderazgo regional con Irán se profundizó durante los últimos años. Irak, Siria, Yemen y ahora Catar y el Líbano son terrenos de duros enfrentamientos. Hasta ahora, los resultados no son favorables para los intereses sauditas.

Es en este escenario de incertidumbre que surge MbS y plantea centralizar el poder para reformar, de arriba hacia abajo, el sistema de gobierno. Pretende modernizar la economía, favorecer un Islam más moderado y promover una política exterior de contención más eficaz respecto a Irán.

MbS pretende diversificar la matriz económica y reducir la extraordinaria dependencia de la economía saudita respecto al petróleo. Propone privatizar una porción de la gigantesca empresa petrolera estatal (Aramco) y usar dichos fondos para promover nuevas industrias. Además, quiere atraer una corriente importante de inversiones extranjeras directas a sectores no relacionados al petróleo. La sustitución del sistema tradicional de consensos por un poder más concentrado, una gestión más discrecional de los recursos económicos, un mayor control de los medios de comunicación masivos y un crecimiento económico acelerado son los elementos cruciales del proyecto en marcha.

Se trata de instaurar un “despotismo ilustrado” modernizante, a la manera de un Pedro el Grande en Rusia o de un Luis XIV en Francia, sin modificar en lo fundamental las características paternalistas y autocráticas del régimen. La campaña de MbS contra la corrupción, así como su ambicioso proyecto de renovación económica, lo transformaron en una figura extremadamente popular, sobre todo con la juventud. Su reciente decisión de permitir a las mujeres conducir automóviles, recibió el apoyo de amplios sectores de la población.

Lo que acontezca en Arabia Saudita durante los próximos tiempos tendrá consecuencias para el precio del petróleo y la economía mundial. El Reino es también un actor clave en la política y la seguridad del Medio Oriente donde se cruzan explosivamente los intereses de las grandes potencias con las ambiciones de los actores regionales (Arabia Saudita, Israel, Irán, Turquía y los grupos fundamentalistas). ¿Será el reciente “golpe de palacio” un primer paso para avanzar hacia un genuino proceso de modernización económico y social? ¿O se trata de un preludio para una inestabilidad política interna y regional con graves consecuencias para la economía y quizás la paz mundial? ¡No tardaremos mucho en saberlo!

Tomado de libertadyprogresonline.org 

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